Diferentes tácticas, diferentes resultados

Diferentes tácticas, diferentes resultados

La semana pasada volvía de Las Palmas y vovi a volar con Ryanair, a pesar de que hace 3 años habia dicho que no lo iba a hacer en mi vida.

La experiencia vivida merece ser compartida en este Blog.

Como todos saben Ryanair no asigna asiento en el check-in por lo que la tarjeta de embarque únicamente permite el acceso al avión. En la puerta de embarque, está claro que todo el pasaje, a sabiendas de este hecho, se apresura a hacer cola en la puerta asignada desde cerca de una hora antes con objeto de conseguir ser de los primeros en entrar en el avión, y con ello lograr un buen asiento (si es que en Ryanair algún asiento puede ser bueno).

Antes de dirigirme al final de la larga cola para esperar la hora del embarque fui al Starbucks situado justo al lado de la puerta de embarque. Allí pedí un chocolate caliente y una pasta. La dependienta, a sabiendas de que iba a viajar en Ryanair a la hora de pagar me preguntó si quería una botella de agua para el viaje, me pareció una buena idea y dije que sí.

La dependienta me ofreció justo en el momento adecuado un producto que sabía sería difícil rechazar. No se si lo hizo por voluntad propia o si lo hizo obedeciendo órdenes de mas arriba, pero la táctica surgió efecto y a una venta de no más de 4.00 € logró que ascendiera a 1,50€ más. No está mal, upselling en estado puro.

A lo que iba, después de 40 minutos de espera y el control manual del tamaño del equipaje de mano, donde vi alguna que otra persona lamentando el hecho de tener que facturar el equipaje que toda la vida ha podido viajar como equipaje de mano en cualquier compañía, entré en el avión.

Hasta aquí no mas sorpresas, los controles rutinarios, el mareo del pasaje buscando un asiento libre, en definitiva, lo previsible.

Lo que no sabía era lo que sucedería después del despegue, y es que desde ese momento hasta casi la llegada del vuelo a Barcelona, el personal de cabina desplegó un verdadero desfile ofreciendo productos a la venta.

Empezaron por cigarrillos sin humo, para seguir con el carrito de comidas y bebidas, luego productos de perfumería, artículos de regalo, pasando por boletos para participar en un sorteo de no se qué.

En realidad, algo totalmente intrusivo y molesto, además de  poco eficiente. No creo que el hecho de tenernos a todo el pasaje amarrados a un asiento con un cinturón de seguridad les conceda el derecho a molestarle ofreciendo productos que ni falta le hacen.

Lo dejo aquí para que cada uno saque sus propias conclusiones o reflexione sobre el tipo de marketing que hacemos y el uso que hacemos de la relación con clientes.

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